domingo, 16 de enero de 2011

Defensa de la alegría…
Hoy me costó levantarme de la cama. Un poco por sueño, otro por ese cansancio en el cuerpo que sólo lo deja la tristeza, las lágrimas del día anterior. No obstante una fuerza interna, tal vez un llamado, me hizo levantarme y a pesar de todo intentar estar bien.  A veces al ánimo hay que ayudarlo.
Sin mucho preámbulo, para no amedrentar el ímpetu, me cambie rápido y fui a la misa. No sabía bien el horario e incluso llegué casi 15 minutos antes de que termine. Igual fue reconfortante, los misterios de la espiritualidad hacen que a veces más que el ritual lo que impacta es la predisposición, la intención, la apertura interna.
El caminar bajo el sol, la sensación de paz, el mensaje comunitario surtió efecto. Como parte de la incansable búsqueda humana, quizás exacerbada por mi insatisfacción crónica me hizo seguir en camino.
Diario, café, un bar. Un espacio, un momento, un tiempo. Donde la ansiedad encuentra sosiego, la mente se concentra y produce. Ideas, sensaciones, sentidos.
Y en eso, una señal. Parece que después de todo sólo hay que estar atentos para leerlas.
Una nota sobre la alegría. La propia, la colectiva, la compartida. Y como sugerencia, asomando el texto unas líneas el poema de Benedetti. ¿Lo había escuchado alguna vez? No lo sé, pero como quién encuentra coincidencias me identifique. Como bandera de valores, como deseo para mi vida.
Otra vez, el arte, la expresión (así como la música) de un hombre se desprende, se amplia, lo sobrepasa y pasa a encontrar referencias en otros. El milagro de encontrar en otras palabras significados propios.
Celebro entonces, porque estas palabras mías lo alcancen también, aunque sólo sea en el hecho de pensar en un destinatario...

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría
Mario Benedetti


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