Continuamente, día tras día, nos enfrentamos al mundo que nos rodea. En ese encuentro construímos, armamos un propio universo de significados: realizamos lecturas sobre lo que se nos presenta, interpretamos, tomamos decisiones, elegimos. Y así, como podemos, con lo que podemos, vamos viviendo.
La humanidad toda fue construyendo sentidos, explicaciones, teorías, intuiciones que hacen posible la "inevitable levedad del ser", como describió Kundera.
De alguna manera u otra armamos nuestro sentido de realidad. Ahora, ¿en qué medida el transitar de nuestra vida se hace más acequible y posible con este sentido de realidad? ¿Qué cuota de ilusión, creencia y fe es necesaria para dar un margen a lo posible? Podemos decir que la vida es la búsqueda de certezas y palancas que sostengan nuestro mundo.
Hoy leyendo una nota sobre "Conocerás al hombre de tus sueños" de Woody Allen me vienen estas preguntas sobre las miradas que ponemos día a día. ¿Es la racionalidad esceptica la que nos impulsa? ¿O es la oportunidad de la ilusión que construímos la que nos da el empujón para seguir la búsqueda? ( Aunque a veces incluso, paradójicamente, consista en desterrarla)
¿Qué hace más feliz nuestra vida? Creo que en vez de pensar pares dicotómicos entre racionalidad lógica e ingenua ilusión, es posible elegir los anteojos con que miramos el mundo en cada momento. Dar espacio a la esperanza, a la confianza, a la posibilidad, al "what if"...
No es una tarea sencilla. No siempre cree el que quiere sino el que puede, a veces el sentido de realidad, la lucidez se impone y se vuelve inevitable... Igualmente creo que construir sueños también es posible desde la racionalidad. Se puede soñar, creer, armar sistemas de fe, sabiendo que es así. Tal vez, Calderón de la Barca tenía razón y la vida no sea más que eso: un sueño.


